miércoles, 13 de junio de 2012

SOBRE EL DISCURRIR DEL PENSAMIENTO



Galel Cárdenas

Todos somos amigos, compañeros, camaradas, como dice Manuel Zelaya Rosales, ejemplo vivo de fe y de tolerancia en el más amplio sentido del concepto.

Somos amigos, hermanos, mientras no se demuestre lo contrario.

Podemos disentir, pero, no recriminar; podemos no  converger, pero no descalificar; podemos cuestionar, pero no querellar; podemos discutir pero no calumniar; podemos alegar, pero no reñir, y así hasta el infinito.

El principio de la descalificación personal no forma parte de la dialéctica.

La contienda de las ideas no se resuelve por la vía  de la calumnia, el descrédito ni la maledicencia.

El mundo no es uniforme, es plural, múltiple, numeroso, vario. Nada en la dialéctica es inmóvil. Todo es movimiento hacia toda parte, y este no es un movimiento unicéntrico ni ególatra, peor unipolar.

Calidad y cantidad, tránsito de lo viejo a lo nuevo, lucha de contrarios, todos ellos forman parte del movimiento universal de la materia, de la sociedad y de la historia.

La verdad siempre ha sido relativa y sólo es personal cuando proviene de relaciones donde la pasión es punto de encuentro.

Las verdades individuales en los casos de la vida política y social no existen, las verdades políticas se vinculan a los hechos concretos producidos por la realidad.

Las opiniones, conceptos teóricos y demás otras formas del pensamiento ensayístico podrían no ser   objetivas, pero, pueden aportar elementos que transformen ciertas estructuras de reflexión tendientes a encontrar la verdad.

Tendemos a pronunciar nuestra verdad como un absoluto sobre hechos que creemos inalterables, fijos, invariantes, esta verdad es subjetiva. La verdad es una construcción en el tiempo y en el espacio.

Muchas veces nos pronunciamos sobre asuntos y hechos, de los cuales descocemos sus causas y su fenomenología, y sobre todo cuando se trata de juzgar al ser humano, entonces pronunciamos una verdad subjetiva: la verdad subjetiva  es verdad sólo en nosotros mismos.

Dice la filosofía materialista que la objetividad de la verdad  existe en  la medida en que es reflejo de la realidad,  esta filosofía  sólo admite la verdad absoluta a la verdad que nace del reflejo preciso de la realidad.

Si la verdad que preconizamos es moral, entonces estamos en el género del reconocimiento de las virtudes como la honestidad o la fidelidad. Esta verdad es muy subjetiva por que el tiempo histórico las ha venido relativizando, tales verdades son paradigmáticas.

La verdad formal es la demostrable sólo en la lógica como desarrollo del pensamiento que parte de proposiciones, como en el caso de los entimemas: Todos los hombres son mortales; Sócrates es hombre, Sócrates es mortal.

Se produce una verdad relativa cuando coinciden los conocimientos con la realidad. Y la verdad absoluta no puede ser alcanzada de un solo golpe. Siempre será necesario llegar a ella en porciones a través de un proceso continuo en la búsqueda del conocimiento.

Toda verdad es una concreción, cuya esencia va en contra de lo absoluto o del inmutabilismo.

Realmente el criterio único de la verdad es la práctica. Este es el concepto que puede medir la fuerza de la verdad, su extensión, sus límites, sus dimensiones, sus aristas, sus posibilidades, su potencialidad, su luz y su oscuridad.

Por eso, el concepto de que somos amigos, hermanos, camaradas, compañeros, coadjutores, en el proceso de la transformación de Honduras a través de su punto de inflexión hacia la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente sobre la base de la creación y sostenibilidad del poder popular, será así mientras no se pruebe lo contrario.

Las vías personales del encuentro con la verdad sólo conducen a la verdad personal y esta es subjetiva porque continuamente se demuestra que la práctica comprueba lo contrario.

Sobre esta verdad personal, dice Sócrates: Escucha cortésmente, responde sabiamente, pondera prudentemente y decide imparcialmente.

Así podemos expresar que  la verdad es cortés donde pueda serlo, es sabia por que nos demuestra la falacia, es prudente porque no escandaliza su potencialidad y es imparcial porque no ve amigos ni enemigos en la búsqueda de su esencia.






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