Galel Cárdenas
Todos
somos amigos, compañeros, camaradas, como dice Manuel Zelaya Rosales, ejemplo
vivo de fe y de tolerancia en el más amplio sentido del concepto.
Somos
amigos, hermanos, mientras no se demuestre lo contrario.
Podemos
disentir, pero, no recriminar; podemos no converger, pero no descalificar; podemos
cuestionar, pero no querellar; podemos discutir pero no calumniar; podemos
alegar, pero no reñir, y así hasta el infinito.
El
principio de la descalificación personal no forma parte de la dialéctica.
La
contienda de las ideas no se resuelve por la vía de la calumnia, el descrédito ni la
maledicencia.
El
mundo no es uniforme, es plural, múltiple, numeroso, vario. Nada en la
dialéctica es inmóvil. Todo es movimiento hacia toda parte, y este no es un
movimiento unicéntrico ni ególatra, peor unipolar.
Calidad
y cantidad, tránsito de lo viejo a lo nuevo, lucha de contrarios, todos ellos
forman parte del movimiento universal de la materia, de la sociedad y de la
historia.
La
verdad siempre ha sido relativa y sólo es personal cuando proviene de
relaciones donde la pasión es punto de encuentro.
Las
verdades individuales en los casos de la vida política y social no existen, las
verdades políticas se vinculan a los hechos concretos producidos por la
realidad.
Las
opiniones, conceptos teóricos y demás otras formas del pensamiento ensayístico
podrían no ser objetivas, pero, pueden
aportar elementos que transformen ciertas estructuras de reflexión tendientes a
encontrar la verdad.
Tendemos
a pronunciar nuestra verdad como un absoluto sobre hechos que creemos inalterables,
fijos, invariantes, esta verdad es subjetiva. La verdad es una construcción en
el tiempo y en el espacio.
Muchas
veces nos pronunciamos sobre asuntos y hechos, de los cuales descocemos sus
causas y su fenomenología, y sobre todo cuando se trata de juzgar al ser
humano, entonces pronunciamos una verdad subjetiva: la verdad subjetiva es verdad sólo en nosotros mismos.
Dice
la filosofía materialista que la objetividad de la verdad existe en la medida en que es reflejo de la
realidad, esta filosofía sólo admite la verdad absoluta a la verdad que
nace del reflejo preciso de la realidad.
Si
la verdad que preconizamos es moral, entonces estamos en el género del
reconocimiento de las virtudes como la honestidad o la fidelidad. Esta verdad
es muy subjetiva por que el tiempo histórico las ha venido relativizando, tales
verdades son paradigmáticas.
La
verdad formal es la demostrable sólo en la lógica como desarrollo del
pensamiento que parte de proposiciones, como en el caso de los entimemas: Todos los hombres son mortales; Sócrates es hombre, Sócrates es mortal.
Se produce una verdad relativa cuando coinciden los
conocimientos con la realidad. Y la verdad absoluta no puede ser alcanzada de
un solo golpe. Siempre será necesario llegar a ella en porciones a través de un
proceso continuo en la búsqueda del conocimiento.
Toda verdad es una concreción, cuya esencia va en contra
de lo absoluto o del inmutabilismo.
Realmente el criterio único de la verdad es la práctica.
Este es el concepto que puede medir la fuerza de la verdad, su extensión, sus
límites, sus dimensiones, sus aristas, sus posibilidades, su potencialidad, su
luz y su oscuridad.
Por eso, el concepto de que somos amigos, hermanos,
camaradas, compañeros, coadjutores, en el proceso de la transformación de
Honduras a través de su punto de inflexión hacia la instalación de la Asamblea
Nacional Constituyente sobre la base de la creación y sostenibilidad del poder
popular, será así mientras no se pruebe lo contrario.
Las vías personales del encuentro con la verdad sólo
conducen a la verdad personal y esta es subjetiva porque continuamente se demuestra
que la práctica comprueba lo contrario.
Sobre esta verdad personal, dice Sócrates: Escucha cortésmente, responde sabiamente, pondera
prudentemente y decide imparcialmente.
Así podemos
expresar que la verdad es cortés donde
pueda serlo, es sabia por que nos demuestra la falacia, es prudente porque no
escandaliza su potencialidad y es imparcial porque no ve amigos ni enemigos en
la búsqueda de su esencia.
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