lunes, 4 de junio de 2012

PATRIOTISMO A LA HONDUREÑA


Jorge Luis Oviedo


En las culturas antiguas las deidades tenían siempre forma de animal; por lo general aquellos muy temidos o que prestaban (prestan incluso hoy) algún adecuado servicio. Serpientes, felinos, reptiles con alas o sin ellas son frecuentes entre las formas de las divinidades
.
Entre nosotros, esto es, en las culturas amerindias encontramos la serpiente emplumada y, reiteradamente, al jaguar, además de los astros (sol y luna, en especial) y de el maíz, en el caso de los mayas; de donde proviene el ser humano creado por el Corazón del cielo en el tercer intento, tras dos fallidos ensayos con barro y madera que las aguas y el fuego destruyeron.

La patria, sin embargo, es otro asunto, no es una deidad, es una identidad surgida del territorio, los amigos, las costumbres y los ideales y logros colectivos. El patriotismo, por tanto, es la expresión de esos sentimientos que identifican al individuo con una colectividad que solemos designar como nación.
En Honduras, sin embargo, el patriotismo (por extensión la patria) posee la forma de un balón de fútbol, nada mueve tanto a los hondureños a identificarse con los colores de su bandera y con su país como los partidos oficiales de la Selección Nacional de fútbol. Llega el día de la Bandera Nacional y muchas de las autoridades principales del país no aparecen en los eventos que honran este símbolo patrio.
El 15 de septiembre, fecha consagrada a la independencia, muchos asisten a ver las palillonas que son parte (para los voyeristas, la principal) del espectáculo; pero no se ve durante el mes de la patria tantas banderas en los automóviles, como cuando tiene compromiso la Selección Nacional de fútbol.
A Salvador Moncada se lo ha distinguido, sobre todo en Europa, con varios premios importantes, por sus aportes en el ámbito de la medicina, pero como la cobertura y difusión a través de los medios electrónicos (masivos) e impresos de comunicación es escasa (sin primeras planas y grandes desplegados como los de los accidentes de tránsito o los de la criminalidad) para la mayoría de la población dichos reconocimientos han pasado inadvertidos. 

El Hondureño, al no tener mucho que celebrar; porque el sentido de pertenencia y el orgullo de sentirse parte de algo es una consecuencia de los logros que la nación obtiene en colectivo o a través de sus miembros en forma individual: descubriendo, inventando, produciendo, destacando en los deportes, ¿por qué no? se incomoda con el mexicano que grita orgulloso: “Viva México” o con el argentino que se vanagloria por ser de aquel país.


No es que no se tenga en Honduras y, por extensión, en Centro América, más cosas que las que proporciona el fútbol; es, porque, en gran medida desde los medios de comunicación masiva unos pocos señores han "orientado" la idiosincrasia del hondureño y le han dado al patriotismo la forma de un balón de fútbol.

Tienen que venir al país extranjeros orgullosos de su origen, identificados con todos los elementos que contribuyen a la forja del patriotismo: arte, inventos, deporte, producción, adecuado nivel de vida, etc. a destacar a nuestros héroes o próceres de las demás actividades del país, porque para la mercadotecnia y los intereses de unos cuentos adelantados, solamente el fútbol vende, el fútbol entretiene, el fútbol adormece y actúa como el mejor pan y circo de cada día para los miles de hondureños faltos de orgullo patrio.
En Honduras, pues, como las deidades antiguas de otras culturas o de las de nuestros ancestros, que tenían formas de animales, de mazorca de maíz, de astros celestes, nuestra única y mejor conocida deidad que identifica la patria, tiene la forma de un balón de fútbol.

El patriotismo hondureño, señores, es redondo y rueda de mil amores a toda prisa y le van dando de patadas los nuestros y los contrarios, por eso nuestros empresarios más prominentes asisten a los enfrentamientos futbolísticos, pero no a las presentaciones de libros (solamente Rafael Heliodoro Valle publicó más de 80 y Longino Becerra, Óscar Acosta, Pompeyo del Valle, Julio Escoto ( para no hablar de otros campos de la actividad humana), que aún viven, han publicado, cada uno, más de una decena de títulos relevantes para las letras de Centroamérica) ni a conferencias magistrales dictadas por hondureños; y por eso están, preocupados por la poca afición que, en los últimos años, llega a los estadios y por los actos  violent0s que allí se manifiestan con reiterada frecuencia




¿Será que el patriotismo hondureño está por cambiar de forma?  Bueno sería, pero después de los acontecimientos de 28 de junio de 2009 y de la indignación mostrada por miles de compatriotas en marchas de protestas durante varios meses,   
todo volvió a la normalidad, del mismo modo que los ríos, después de las crecidas, vuelven a sus cauces. 


De ahí que no fue sorpresa ver como a la mayoría de los hondureños se les olvidaron los reclamos y los odios políticos cuando las selección del fútbol de nuestro país, participó con más pena que gloria, en la copa del mundo del 2010 en Sudáfrica.


De modo que los héroes, los próceres, los ciudadanos sobresalientes en distintas disciplinas seguirán marginados por la industria del "espectáculo" nacional y sólo si bailan al son del poder mediático podrán hacerle coro a nuestra gran deidad: el balón de fútbol, que no es jaguar pero se eleva; no es ave, pero vuela cuando le dan de patadas; no es serpiente, pero se arrastra por la grama y no es astro como el sol, pero llena de entusiasmo desbordante a los pobres (que son muchos, como decía el poeta Roberto Sosa) y los pendejos (que cuando son muchos como decía Facundo Cabral) eligen a los presidentes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario