Oscar Amaya Armijo
Con Pavel nunca
hemos platicado, pese a que con alguno de sus familiar, estuve muy cerca,
luchando por una sociedad más justa en la década de los setenta; tiempo después,
vi a un muchacho de mirada vivaracha y
sonrisa permanente, cargando a cuestas una guitarra, pergeñando canciones que luego lanzaba al viento en los pasillos de la (Universidad Pedagógica
Nacional) UPN; más tarde. vino Café-Guancasco. Es cierto, nunca he platicado
directamente con él…no tuve necesidad de hacerlo…A Pavel lo conocí por la interpósita
mano de sus canciones, su biografía de patriota allí esta en su música,
irreverente, como en esa, la del Club de
los Idiotas, jodedora, quemante, provocadora. Antes del fatídico golpe de Estado,
Pavel Núñez ya era Pavel, junto al otro Pavel, Pavel Cruz (Pavelìn, Pavelòn)…la
fama les llegó de plano por la estética de su música, por su sensibilidad de
creadores… Pavel, Pavelin, es un ser de extraordinaria sensibilidad, un hombre
de bien, solidario; el amor se le escapa por los poros de sus canciones; su vocación
de humano empedernido lo condujo, irremediablemente, a la resistencia popular (aunque
ya era resistente), y no le importó que quemaran los instrumentos del grupo en
el fragor mortal de la represión; solo una guitarra sobrevivió al salvajismo,
aquella vez, en San Pedro Sula. Ahora
los heraldos del terror, quieren cercenarle lo más querido de su corazón de trovador
popular: su madre querida, esa misma maga que con paciencia lo llevó hasta allí,
al terreno mismo de los pentagramas, las notas y los ensambles. El troglodita
no respeta madres, ni el arte, es un sicópata entronizado en el sistema
represivo que vivimos; pero Pavel volverá
por los senderos de la resistencia, y caminará por allí, secuestrando la
conciencia de los hondureños con las únicas armas que posee: la solidaridad y
la música. Por ello, en medio de la tenaz persecución, y ante el dolor de su
madre, Pavel, guitarra en mano, escupe en la cara del malvado esa palabra
odiada entre los salvajes: ¡¡LIBRE!!.
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