Jorge Luis Oviedo
En el cuento popular el protagonista suele llegar un cruce de
caminos, dos o tres opciones se le presentan para decidir y, finalmente, escoge
uno que, de acuerdo con la fábula, suele ser el correcto. Y es así porque en el
cuento popular subyace el deseo de que triunfe el bien sobre el mal. Dicha
actitud creo que queda resumida en frases como la siguiente: la esperanza es lo último que se pierde.
Los cuentos populares por eso están cargados de “ayudantes
puntuales” sin los cuales el héroe o protagonista es incapaz de salir
victorioso o triunfante. Lo anterior se debe a que la realidad en que viven los
creadores (campesinos con buen imaginación) de estos relatos no se puede
modificar desde la desventajosa posición del esclavo, el campesino, el
súbdito, etc. Por ende el único medio que queda para superar a los oponentes
poderosos (príncipes, reyes, dictadores, oligarcas) es la vía de la fantasía; y
es así, y sólo así, como los príncipes se enamoran de las campesinas agraciadas
o como los campesinos atrevidos (abanderados de bien) superan las difíciles
pruebas a que son sometidos (por la ayuda oportuna de un genio bueno, la divina
providencia, la diosa fortuna, etc.) y derrotan al malvado y, de paso, obtienen,
como recompensa, la mano de la hija de un poderoso.
Sin embargo, como el triunfo es del héroe o de la heroína, el
orden establecido permanece inalterable. A fin de cuentas, el análisis y la
imaginación de los cuenteros no puede ir demasiado lejos de su circunstancia.
Lo ocurrido el 28 de junio de 2009 en Honduras supuso para
muchos hondureños llegar a un cruce de caminos y tener que escoger uno; de esta
suerte muchos nos declaramos antigolpistas. Sin embargo esta decisión en sí
misma no representa más que una reacción en contra de un hecho; es una
expresión de indignación, nada más.
Como es sabido, la indignación llevó a la creación del Frente
Nacional de Resistencia Popular y luego a la fundación del partido Libertad y
Refundación (Libre) como mecanismo para tener opción ( en el ámbito de lo que manda
el actual orden establecido en Honduras) de acceder, por la vía electoral, al
poder político.
Las preguntas que surgen son:
¿será suficiente estar indignado y desear el bien (la
refundación de Honduras) para que todos los magníficos propósitos se cumplan?
¿El nivel de indignación mostrado por muchísima gente durante
las primeras semanas posteriores al golpe se mantendrá igual hacia el último
domingo de noviembre de 2013 o se habrá enfriado como se enfría el dolor por la
pérdida de un ser querido cuando han pasado cuatro años?
¿Todos aquellos que se manifestaron contra el golpe de estado
son virtuales militantes de Libre con los que se asegura, primero el triunfo
electoral en 2013 y, después, la refundación de Honduras?
¿Todos o, por lo menos, el 80 % de los aspirantes por Libre a
cargos de elección son personas, además de antigolpistas y bien intencionadas,
los más capaces, honrados, vigorosos (no perezosos) y sin resabios
dictatoriales para dirigir las alcaldías, emitir las leyes necesarias desde el Congreso y tomar
decisiones acertadas desde las secretarías de estado como lo demanda la
situación calamitosa del país?
¿Por qué Libre, pudiendo ser un partido con amplia
militancia, se muestra, en su accionar, como un partido muy similar a los
tradicionales?
¿Por qué en Libre, un partido que surge como consecuencia del
golpe de estado de 2009, es decir, como un abanderado de las consultas y la
participación (popular), en su accionar se evita las consultas masivas?
¿Por qué libre
en vez de establecer criterios (perfiles) para los que aspiran a los
cargos de elección popular, actúa, exactamente igual que los partidos
tradicionales en la escogencia de estos?
Pueden hacerse muchas preguntas más y sus respuestas nos
llevarán a una solo conclusión: se trata de la crónica de una derrota
anunciada.
Para los miles de ilusionados que simpatizan con la
posibilidad de cambios significativos en Honduras, es decir, más empleo,
mejores condiciones de vida, menos marginalidad y todo lo que conlleva a una
mejor calidad de vida, mucho más allá de
las ideologías, se trata de una frustración mayúscula y de la pérdida total de
la confianza en la colectividad que se llama sociedad hondureña.
Ya lo dije en otro escrito que titulé: El fin sí justifica los medios.
Hoy lo ratifico, antes de la medianía del siglo lo quedará de esta gesta es, en
alguna avenida o parque de Tegucigalpa, una estatua del prócer José Manuel
Zelaya Rosales, sobre cuyo sombrero harán nido los pájaros y, dónde, cada 28 de
junio un grupo, cada vez menor, llevará coronas de flores.
Una cosa es cierta, se puede tener necesidad ( y mucha) de
algo, pero si no se tiene la capacidad, si no se sabe cómo solventarla, la
necesidad seguirá allí y el incapaz también; porque no bastan las buenas
intenciones y asumir que el bien siempre triunfa sobre el mal; eso solamente
funciona en los cuentos de hadas; en la realidad, el incapaz, el alagartado y
el ignorante ( por muy buenas personas que sean y por mucha fe que tengan) seguirán
siendo explotados por las oligarquías de turno y bailarán al son que los
magnates de los medios les pongan, como sucede con libre y sus innecesarios
movimientos internos que los tienen atomizados para gloria de la oligarquía
hondureña; porque con los mismos vicios de los partidos tradicionales pretenden
estar a la vanguardia política del país.
Dice una máxima que errar es de humanos y rectificar es de
sabios. Estoy seguro que muy pocos la aplican y que los que se han convertido
en dueños de Libre no serán parte de esa excepción.
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