lunes, 4 de junio de 2012

LIBRE O DE LA VANGUARDIA CON LA RETAGUARDIA


Jorge Luis Oviedo

En el cuento popular el protagonista suele llegar un cruce de caminos, dos o tres opciones se le presentan para decidir y, finalmente, escoge uno que, de acuerdo con la fábula, suele ser el correcto. Y es así porque en el cuento popular subyace el deseo de que triunfe el bien sobre el mal. Dicha actitud creo que queda resumida en frases como la siguiente: la esperanza es lo último que se pierde.
Los cuentos populares por eso están cargados de “ayudantes puntuales” sin los cuales el héroe o protagonista es incapaz de salir victorioso o triunfante. Lo anterior se debe a que la realidad en que viven los creadores (campesinos con buen imaginación) de estos relatos no se puede modificar desde la desventajosa posición del esclavo, el campesino,   el súbdito, etc. Por ende el único medio que queda para superar a los oponentes poderosos (príncipes, reyes, dictadores, oligarcas) es la vía de la fantasía; y es así, y sólo así, como los príncipes se enamoran de las campesinas agraciadas o como los campesinos atrevidos (abanderados de bien) superan las difíciles pruebas a que son sometidos (por la ayuda oportuna de un genio bueno, la divina providencia, la diosa fortuna, etc.) y derrotan al malvado y, de paso, obtienen, como recompensa, la mano de la hija de un poderoso.
Sin embargo, como el triunfo es del héroe o de la heroína, el orden establecido permanece inalterable. A fin de cuentas, el análisis y la imaginación de los cuenteros no puede ir demasiado lejos  de su circunstancia.
Lo ocurrido el 28 de junio de 2009 en Honduras supuso para muchos hondureños llegar a un cruce de caminos y tener que escoger uno; de esta suerte muchos nos declaramos antigolpistas. Sin embargo esta decisión en sí misma no representa más que una reacción en contra de un hecho; es una expresión de indignación, nada más.
Como es sabido, la indignación llevó a la creación del Frente Nacional de Resistencia Popular y luego a la fundación del partido Libertad y Refundación (Libre) como mecanismo para tener opción ( en el ámbito de lo que manda el actual orden establecido en Honduras) de acceder, por la vía electoral, al poder político.
Las preguntas que surgen son:
¿será suficiente estar indignado y desear el bien (la refundación de Honduras) para que todos los magníficos propósitos se cumplan?
¿El nivel de indignación mostrado por muchísima gente durante las primeras semanas posteriores al golpe se mantendrá igual hacia el último domingo de noviembre de 2013 o se habrá enfriado como se enfría el dolor por la pérdida de un ser querido cuando han pasado cuatro años?
¿Todos aquellos que se manifestaron contra el golpe de estado son virtuales militantes de Libre con los que se asegura, primero el triunfo electoral en 2013 y, después, la refundación de Honduras?
¿Todos o, por lo menos, el 80 % de los aspirantes por Libre a cargos de elección son personas, además de antigolpistas y bien intencionadas, los más capaces, honrados, vigorosos (no perezosos) y sin resabios dictatoriales para dirigir las alcaldías, emitir las leyes  necesarias desde el Congreso y tomar decisiones acertadas desde las secretarías de estado como lo demanda la situación calamitosa del país?
¿Por qué Libre, pudiendo ser un partido con amplia militancia, se muestra, en su accionar, como un partido muy similar a los tradicionales?
¿Por qué en Libre, un partido que surge como consecuencia del golpe de estado de 2009, es decir, como un abanderado de las consultas y la participación (popular), en su accionar se evita las consultas masivas?
  ¿Por qué libre  en vez de establecer criterios (perfiles) para los que aspiran a los cargos de elección popular, actúa, exactamente igual que los partidos tradicionales en la escogencia de estos?

Pueden hacerse muchas preguntas más y sus respuestas nos llevarán a una solo conclusión: se trata de la crónica de una derrota anunciada.
Para los miles de ilusionados que simpatizan con la posibilidad de cambios significativos en Honduras, es decir, más empleo, mejores condiciones de vida, menos marginalidad y todo lo que conlleva a una mejor calidad  de vida, mucho más allá de las ideologías, se trata de una frustración mayúscula y de la pérdida total de la confianza en la colectividad que se llama sociedad hondureña.
Ya lo dije en otro escrito que titulé: El fin sí justifica los medios. Hoy lo ratifico, antes de la medianía del siglo lo quedará de esta gesta es, en alguna avenida o parque de Tegucigalpa, una estatua del prócer José Manuel Zelaya Rosales, sobre cuyo sombrero harán nido los pájaros y, dónde, cada 28 de junio un grupo, cada vez menor, llevará coronas de flores.
Una cosa es cierta, se puede tener necesidad ( y mucha) de algo, pero si no se tiene la capacidad, si no se sabe cómo solventarla, la necesidad seguirá allí y el incapaz también; porque no bastan las buenas intenciones y asumir que el bien siempre triunfa sobre el mal; eso solamente funciona en los cuentos de hadas; en la realidad, el incapaz, el alagartado y el ignorante ( por muy buenas personas que sean y por mucha fe que tengan) seguirán siendo explotados por las oligarquías de turno y bailarán al son que los magnates de los medios les pongan, como sucede con libre y sus innecesarios movimientos internos que los tienen atomizados para gloria de la oligarquía hondureña; porque con los mismos vicios de los partidos tradicionales pretenden estar a la vanguardia política del país.
Dice una máxima que errar es de humanos y rectificar es de sabios. Estoy seguro que muy pocos la aplican y que los que se han convertido en dueños de Libre no serán parte de esa excepción.

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